Comenzó como una decisión práctica. Una empresa de servicios envió a un grupo de empleados al extranjero para realizar un breve curso de inglés. Una mayor fluidez facilitaría el trabajo diario con colegas, asesores y socios internacionales.
El valor del primer viaje era bastante claro: aprendizaje concentrado, tiempo en un entorno distinto y una experiencia compartida lejos del habitual contexto de trabajo. Lo menos evidente era que no seguiría siendo un viaje de formación aislado.