No hay en Europa dos capitales más cercanas entre sí que Viena y Bratislava: una hora por carretera, Danubio abajo y cruzando una frontera que durante cuarenta años fue el Telón de Acero. Bratislava es la más pequeña y la más relajada de las dos, con un castillo en una colina, una ciudad vieja compacta donde antaño se coronaba a los reyes de Hungría y un frente fluvial que mezcla el barroco con los años setenta.
El recorrido llega a la ciudad pasando por el castillo de Devín, junto al río, justo antes de ella. Siete horas de puerta a puerta dejan unas cinco en Devín y Bratislava, con tiempo para un almuerzo sin prisas en la ciudad vieja.